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Parto Respetado 2011

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La vida despues del parto / Diario La Nación

En tiempos de mujeres hiperactivas, se estudian los modos de transitar mejor el puerperio, una etapa que tradicionalmente no ha recibido tantan consideración como el embarazo. Las doulas, expertas que acompañan a las madres y a sus hijos, pueden ayudar a materna
Quién dijo que era un cuento de hadas?" Ana se ríe, y los ojos verdes se le vuelven más cristalinos. Malena, su hija de dos años, tiene sus mismos ojos. Y quizá también de ese color sean los del bebe que aguarda, plácido y seguro, el momento de su llegada al mundo. Cuando descubrió que estaba embarazada por segunda vez, Ana se dijo que en esta oportunidad jugaría sus cartas de una manera diferente. La llegada de Ma-lena la había confrontado con emociones inesperadas. "Pasé nueve meses fascinada con el embarazo –dice–. Pero nunca había pensado seriamente en lo que venía a continuación. Ahora sé que todo empieza después del parto."

Como muchas mujeres de su generación, la treintañera e hiperactiva Ana se topó brutalmente con el rostro del puerperio. Un rostro que no suele ser demasiado amable. Descubrió que la maternidad exige tiempos lentos e introspección. Exactamente lo opuesto a la vorágine laboral en la que siempre se había desenvuelto como pez en el agua. Además, encontró que la exigencia social sobre cómo se debe vivir la maternidad poco tenía que ver con la hecatombe emocional en la que se sentía sumergida.

En una sociedad que se jacta de haber dejado atrás todos los tabúes, aún hay zonas en las que rige el de eso no se habla. El puerperio es una de ellas.

Durante siglos, el desafío fue ampliar la presencia femenina en el espacio de lo público: trabajo, profesiones, actividad social. Para las nuevas generaciones, la apuesta es aún más compleja: se trata de mantener esos logros, pero, al mismo tiempo, recuperar áreas ancestralmente ligadas a lo femenino, lo privado y lo íntimo.

En lo que se refiere al parto, la Organización Mundial de la Salud sugiere la creación de maternidades centradas en la familia. El mismo concepto rige la Guía para la atención del parto normal, publicada por la Dirección Nacional de Salud Materno Infantil del Ministerio de Salud de la Nación. Este material cuestiona la excesiva medicalización de los nacimientos y el uso de procedimientos destinados a partos de riesgo en todos los casos (aun en los totalmente normales). La Ley 25.929, promulgada en septiembre último, garantiza una serie de derechos vinculados con el embarazo, el trabajo de parto, el parto y el posparto. Entre otros, el de ser informadas y poder optar libremente en caso de existir diferentes alternativas de intervención médica.

"Es que la mujer que da a luz, lo hace con todo lo que la define como persona –explica la partera Raquel Schallman–. Somos una unidad de cuerpo, psiquis y emociones. Todo eso se pone en juego durante un parto." No podía ser menos. Porque a partir de ese momento comienza el viaje mayor.

Desde el punto de vista biológico, abarca las primeras seis semanas luego del parto, cuando el organismo de la madre debe volver al estado anterior a la gravidez. "Esta vuelta a un estado pregravídico se refiere a los cambios físicos, pero descarta los continuos cambios emocionales propios de la crianza de un bebe –comenta Mario Sebastiani, médico, autor de Claroscuros del embarazo. El parto y el puerperio–. Por eso creo que interpretar el puerperio como una época más larga y compleja puede ayudar a que los cambios espectaculares propios del nacimiento se vivan de manera más confiable y segura."

Comienzo de la gran crisis: el bebe ya es algo tangible, diferente de la madre. Ella, que durante nueve meses había estado protegida, auscultada, mimada, celebrada por todos, repentinamente deja de ser el centro de la escena. Está en casa, sola, cansada, sin dormir, con un bebe que llora, al que no termina de entender y que le demanda atención todo el tiempo.

Sobreviene entonces la llamada tristeza puerperal: ansiedad permanente, sensación de vacío, alteraciones en el sueño, llanto persistente, fatiga. Se presenta en ocho de cada diez puérperas. Y en una de cada diez puede agudizarse hasta derivar en una depresión.

La caída de casi un 90% en los niveles de estrógenos y progesterona previos al parto podría justificar una parte importante de estos cuadros. Y el hecho de advertir que comenzó un proceso destinado a cambiar totalmente la vida de quienes lo atraviesan se encarga del resto. El cuerpo puede retornar a un estado pregravídico, pero en términos existenciales nunca se vuelve a ser la misma.

En medio de esos complejos procesos emocionales, hay que ocuparse del bebe, aprender a cuidarlo, internarse en las sutilezas de la lactancia.

Muchas mujeres tienen la abrumadora sensación de "estar enloqueciendo": sufren cambios perceptivos, alteraciones de la conciencia temporal, se reencuentran con emociones y recuerdos cuidadosamente negados durante años. Laura Gutman, autora de La maternidad y el encuentro con la propia sombra y Puerperios y otras exploraciones del alma femenina, denomina este fenómeno la fusión con el bebe. Desde su punto de vista, se genera una profunda unión emocional entre la madre y el niño.

Muchas personas se preguntan qué es lo que provoca que un hombre también experimente cambios físicos y psicológicos al prepararse para tener un hijo, cuando la que lleva el bebé en la panza es su mujer.

Es harto conocido que hay futuros padres que, a la par que su pareja, sufren una serie de síntomas relacionados con el embarazo, como ansiedad, euforia o depresión, que se manifiestan con aumento de apetito, nerviosismo y facilidad extrema para entrar en estado de estrés, incluso presenta náuseas, mareos y hasta vómitos.

De esta forma, el llamado "embarazo por imitación" parece tener ahora una base biológica científicamente explicable. Según publica la edición online de Salud y Medicina, un grupo de médicos de la Universidad Memorial, en Terranova, Canadá, realizó un estudio que consistió en analizar muestras de sangre tomadas a 34 parejas que esperaban un hijo, en diversas horas del día, durante y después del embarazo, y así lo comprobó.

El experimento concluyó que a lo largo de todo el período de gestación se presentó una notable variación hormonal, algo ya conocido en las mujeres, pero no así en los varones. En el caso de las féminas, se detectó un aumento de las hormonas llamadas prolactina, cortisol y estradiol.

La gran sorpresa consistió en descubrir que los hombres también sufrieron alteraciones en los niveles de tres hormonas: prolactina, cortisol y testosterona. La concentración de las dos primeras tiende a aumentar en situaciones de estrés, mientras que la última se asocia con mayor agresividad.

Motivos químicos y psicológicos
Los especialistas evaluaron que una de las hipótesis por las cuales los hombres sufren estas alteraciones se debe a que las mujeres segregan sustancias químicas que pueden producir cambios en su pareja al inhalarlas.

Así, una primera deducción indicaría que los cambios hormonales del hombre son en realidad provocados por la mujer. A esto se debe, tal vez, que en aquellos hombres que tenían mayor vínculo con su esposa se detectó mayor producción de prolactina. Sin embargo, el acercamiento a la pareja también deja abierta la puerta a la importancia del factor psicológico.

Esto, porque el estudio también sometió a la pareja a otras pruebas, como escuchar una cinta con llanto de un niño recién nacido y observar un video donde aparecían bebés amamantados por su madre. Luego de analizar muestras de sangre tomadas media hora después de la sesión, se observó que ambos experimentaron intensos cambios hormonales, lo que supone que esta reacción se originó sólo por mecanismos mentales o de educación

A partir de su experiencia como psicoterapeuta familiar, Gutman considera que este estado de extrema sensibilidad, lejos de ser un padecimiento puede convertirse en una oportunidad para acceder a zonas ocultas de una misma. Un viaje de conocimiento que la mujer puede permitirse emprender de la mano de su hijo recién nacido.

En este panorama, al varón le toca un papel nada fácil. Debe ser capaz de sostener emocionalmente a su mujer y esforzarse por comprender que ella atraviesa un período de excepcional vínculo con sus emociones profundas y con su hijo.

¿Qué ocurre cuando hay que regresar a la vida laboral? "El trabajo no es el gran cuco para maternar a nuestros hijos –indica Gutman–. Los bebes pueden esperar a sus madres si ellas, al regresar, entran en relación amorosa y genuina con ellos."

Se trata, entonces, de recordar que amar no es sinónimo de ser infalible y de hacer a un lado la tentación de aplicar criterios de eficacia a algo tan sutil como la crianza.

"Renuncié a ser la mejor alumna. Ya no quiero cumplir con todo lo que el manual de turno indica que hay que hacer –dice Ana, mientras sigue los juegos de Malena–. Lo único que deseo es amarlos con todo lo que soy", concluye, la mano sobre el vientre y la más franca de sus sonrisas iluminándole el rostro.

Por Diana Fernández Irusta


 

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